martes, 7 de junio de 2011

SI LA LEY CREA AL PECADO



I

Si La Ley crea al pecado como el oro a su codicia.
Si La Ley lo sugiere en el deleite cual colaless bordado de ilusiones
con un más oscuro centro de atractivo.
Si pecar es morir:
un zaguaro sediento y en su cruz a la espera de la lluvia:


En ella todos nos refocilamos al margen del castigo:


Dichoso aquel puro a La Ley, no sujeto: libre en su sed
de escarmiento y persistencias como arenas:


No la conoce. No sospecha el encanto del desnudo.
La teme: No. Y a la sombra se place de la higuera.
No la sigue. En la dicha de las sombras pasajeras y tenaces.


Sus días son de paz. No le urgen las penas del castillo.
No sabe des obedecer. No posee señores en la herencia.
Morir no puede y sus días son de escarcha y de tormenta.


Dichoso el impío. Aleluya. Aleluya.
El pagano: Dichoso; siempre cual inocente de su estado.
Dichoso el extranjero en su carencia de sermones.


Quien goza la inocencia natural: Aleluya. Aleluya.


Pero si el Hombre muere, como rosa en el crepúsculo temprano.
Aun antes de marcar su prepucio el Sello de La Alianza.


Repito: Pero si el Hombre muere: como lirio que se seca
por exceso o carencia de su cuido o cuando la prudencia
de las lluvias.


Un pre-supuesto irreal, una escarcha apenas
de arenas esparcidas, no más que hojarasca o rocío,
para el anatema de la muerte:


¿Es que la muerte goza anterior al Pecado? y desnudos vamos vestidos?


¿Es que La Muerte persevera en Pecado Original? y los velos que la velan,


¿Morir es Pecar? y así lo sepan los gusanos?


Adán no habría muerto al comer manzanas parranderas.
Desobedecer no pudo de creado; Adán pecó muriendo:
un horizonte sin su arcoiris, cubierto de cenizas.


La muerte: nuestra entrada en lo humano de animal que libera:
y sabe que lo sabe.
No, un cóndor con su pata quebrada.
Todos en Adán: animales del origen más certero:
No, un huemul con su pescuezo en la mano o su pata de penuria.


Pero la obvia originada, el conjuro de cardos y azucenas,
concluir es, no:
no a las flores,
no lagartijas,


“Ergo todos vamos a morir”, todos como serpientes tronchadas:

Su obsesivo genio le condujo… “TODOS VAMOS A PECAR”,

ya que todos ya pecamos, cachondas serpientes
en la huella; como físico vacío, pesado, y tan campante.




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